¡Qué tal, banda! Pues resulta que el tablero del narcotráfico se está moviendo más rápido que el Metro en hora pico. Según reporta el prestigiado diario Los Angeles Times, Iván Archivaldo Guzmán Salazar, el hijo mayor de Joaquín “El Chapo” Guzmán, ya está «tiroteando» conversaciones con las autoridades de Estados Unidos para ver si pacta una entrega negociada. El chisme está fuerte porque no solo es él; parece que su hermano menor también está en la misma sintonía.
Negociaciones bajo la mesa: Un año de pláticas
De acuerdo con el periodista Keegan Hamilton, quien citó a fuentes bien paradas en el caso, estas charlas no son nuevas, pues ya llevan un año en curso. Se dice que los hermanos estaban esperando a ver cómo les iba a sus hermanastros en la corte antes de dar el paso. La justicia estadounidense tiene la mira puesta en Iván Archivaldo, a quien consideran una pieza de rompecabezas fundamental para hundir a figuras políticas de alto nivel en México.
El nexo con la política: El caso Rocha Moya
La cosa se pone color de hormiga cuando sale a relucir el nombre de Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa. La Fiscalía de Distrito Sur de Nueva York acusa formalmente que Iván Archivaldo ordenó a su gente el robo de papeletas y urnas de los opositores a Rocha Moya en las elecciones de 2021. Básicamente, operaron como el brazo ejecutor para asegurar el triunfo político en el estado.
Además, el reporte señala que el avión en el que Ismael «El Mayo» Zambada fue llevado a Estados Unidos pertenecía al propio Iván Archivaldo, lo que lo pone como el presunto orquestador del «pitazo» o complot que terminó con la captura del legendario capo en suelo gringo.
Cae el círculo cercano en Sinaloa
La presión de Washington no es cuento. Hace apenas unas semanas se reveló que le revocaron la visa a Rocha Moya. Pero la barredora no se detuvo ahí: ya hay acusaciones formales contra el senador Inzunza, el alcalde de Culiacán y otros seis exfuncionarios de Sinaloa por sus presuntos nexos con el crimen organizado.
Por ahora, queda ver si el trato se concreta o si es pura estrategia para ganar tiempo. Lo cierto es que el cerco se cierra y, como decimos aquí, «cuando el río suena, es porque agua lleva». El destino de «Los Chapitos» podría decidirse muy pronto en una corte de Nueva York o Chicago.
