Kenia López Rabadán dejó claro que, desde la Presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, cualquier intento de Reforma Electoral deberá pasar primero por el diálogo y la escucha. Para la diputada, cambiar las reglas de las elecciones no es un tema menor ni algo que pueda resolverse entre pocos, sino una discusión que debe involucrar a todas las fuerzas políticas y a la sociedad.
La legisladora explicó que el debate ya está en la calle. Mencionó el manifiesto del Frente Amplio Democrático, firmado por cientos de personas, como una muestra de que existe preocupación ciudadana sobre una posible reforma. Frente a ese escenario, afirmó que la Cámara no puede cerrar los oídos y que su papel será abrir espacios para que las distintas posturas se expresen y se confronten con argumentos.
Uno de los puntos centrales que subrayó López Rabadán es la necesidad de construir consensos. En palabras simples, dijo que una reforma electoral solo tiene sentido si es acompañada por todos los partidos políticos, porque se trata de las reglas del juego democrático. Sin acuerdos amplios, advirtió, cualquier cambio corre el riesgo de nacer cuestionado.
También puso sobre la mesa el factor tiempo. Explicó que, si se pretende que una reforma impacte las elecciones de 2027, tendría que aprobarse durante el actual periodo legislativo. De no lograrse los votos necesarios, el tema podría retomarse más adelante, pero ya con efectos hasta los comicios de 2030, lo que cambiaría completamente el escenario político.
En otro tema sensible, la diputada se refirió al Instituto Nacional Electoral y al posible conflicto de intereses del Director Administrativo del organismo. Señaló que sería responsable y pertinente que el INE fijara una postura clara, ya que su credibilidad es clave para la democracia. Recordó que es esta institución la que valida los votos y garantiza que el resultado de las elecciones sea confiable.
Finalmente, López Rabadán defendió los avances en materia de igualdad de género y aseguró que México cuenta hoy con una de las constituciones más avanzadas en derechos para las mujeres. Destacó que la paridad ya no es una cuota negociable, sino una obligación constitucional que asegura que el poder se distribuya en partes iguales entre mujeres y hombres, fruto de una lucha que ha llevado décadas.
